Baltazar Tokman, editor y director de Buscando a Myu, nos cuenta cómo fue el proceso de montaje de su película, nominada al Premio al Mejor Montaje de la Competencia Oficial Argentina, que otorgarán EDA y SAE en la 20ª edición del BAFICI:

El proceso de edición fue largo y difícil porque es un material personal, casero e inconexo, generado a lo largo de los años. No quería hablar de mí ni de mi hija, pero estaba usando mis registros propios y documentando la infancia de Olivia y sus juegos con amigos invisibles.

El principal desafío fue separarme, y al mismo tiempo no hacerlo, del personaje que lleva el punto de vista. ¿El punto de vista es el del mago que interpreta al padre de Olivia o es el del autor? Esta dualidad de ser o no ser, de contarme o no, de documental o ficción, de investigación real o juego delirante, fue una tensión constante en todo el proceso.

A partir de la idea inicial de los amigos imaginarios empecé a investigar en internet, y me di cuenta de que había muchas voces diferentes, desde religiosas hasta científicas y algunas muy desopilantes, sobre el sexto sentido y las capacidades paranormales de los niños. Entonces armé un rompecabezas lúdico tanto en rodaje como en montaje; me dejé llevar por el juego sin atarme a prejuicios y esperando que la película se construyera sola. Pero esto es una falsa intención porque en definitiva es el mismo caos el que la construye y ésta es también una forma para mí muy acertada de acercarme al montaje.

Trabajé con varios asistentes de edición, en diferentes etapas. La primer etapa fue la de visualizar años de material. Un trabajo muy arduo, porque además de tener material personal, había dos instancias de rodaje: material de Skype en distintos idiomas y material de Youtube que la gente enviaba. Un cóctel para suicidarse con el teclado. Todo este trabajo de selección y orden lo hizo Luciano Sosa. Llegamos a tener una reducción de cinco horas y una idea de cómo contar la película. Decidimos que el punto de vista no sería la del alter ego, sino del documental, y la historia del mago y su hija, y una historia más dentro de las otras historias.

En la segunda etapa trabajé solo. La película me pedía la voz del autor, la voz del padre de Oli, y yo tenía algo de ambos. Esta tensión entre realidad o ficción o delirio “psicoimaginario” estaba presente en el montaje. Con un armado de 80 minutos hice un screening.

La última etapa fue con Anna Ruesseguer, en donde volvimos a la idea del alter ego como narrador principal y el que lleva el punto de vista. Pero estas idas y vueltas fueron necesarias y fortalecieron mucho al relato.

Por último, hay un trabajo invisible dedicado y tremendo de Iair Attias. Él siempre trabaja conmigo y me emprolija. Es como si yo pintara fuera del margen y él se dedicara muy obsesivamente a borrar lo que se fue de pista. Hace un trabajo para unir los multiformatos y para que todo funcione.

El trabajo con el sonido fue muy particular, desde lo creativo y desde lo técnico. Creamos junto a Mariana Salinas un universo de voces, secretos y sensaciones oníricas para determinados momentos; pero lo que más resalta es el trabajo de convertir mi voz en la voz del mago. En cada escena familiar se reemplazó mi voz por la de Emanuel Saldua, el mago Garrik.

Horarios:
12 de abril, 22:50, Recoleta 6
13 de abril, 14:15, Recoleta 6
16 de abril, 20:40, Recoleta 7

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